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La historia de 20 años de Air Berlín en Mallorca

La historia de 20 años de Air Berlín en Mallorca


LA VIDA DE AIR BERLÍN ES EXCEPCIONAL

La muerte de Air Berlín, anunciada e inevitable tras siete años acumulando pérdidas, es la muerte de un periodo fantástico en el transporte entre Alemania y España, que se había incluso extendido a los vuelos interiores dentro de nuestro país. Desde mediados de los noventa y hasta entrada esta década, Air Berlín fue el gran referente del transporte aéreo entre Alemania y España, fundamentalmente por su modelo de ‘hub’ basado en Mallorca, que le permitía ofrecer un producto flexible y de calidad.

La historia de Air Berlín es excepcional, porque la ciudad de Berlín es excepcional. Hasta el año 89, estaba dividida en dos y Estados Unidos tenía una gran influencia en los vuelos que operaban desde Tegel, su aeropuerto. Allí estaba Air Berlín, manteniendo la conexión de una ciudad aislada del mundo por la división producida tras la Segunda Guerra Mundial. La caída del muro liberó a Air Berlín de las restricciones operativas que arrastraba y la dejó en condiciones de igualdad con las demás.

Esa pequeña compañía creció fantásticamente hasta convertirse en uno de los nexos más sólidos entre Alemania y Mallorca, con proyección al resto de España. Su fórmula era sencilla: volar de muchas ciudades alemanas a Mallorca y en su aeropuerto intercambiar los pasajeros para los vuelos del resto de la Península Ibérica (Jerez, Alicante, Valencia, Madrid, Lisboa, Oporto o Santiago de Compostela, por poner algunos ejemplos). Eso permitía que aeropuertos perdidos en Alemania tuvieran conexiones con lugares de España de difícil conexión. A ello, además, sumó su operación desde Gran Bretaña, muy ambiciosa pero que nunca llegó a cuajar económicamente.

Nadie, por entonces, podía hacer sombra a Air Berlín: la primera en conexiones, la primera en servicio, con un modelo eficiente, sin bajar los precios demasiado, pero también siendo más barata que las compañías de bandera. Su asociación con Niki le permitió incorporar Viena y Salzburgo a su red, que consolidaban su dominio del enlace España-Alemania.

Hasta que llegó Ryanair. La irlandesa actuó como siempre: precio y servicio. Primero comenzó a operar en Hahn, en un lugar perdido a 120 kilómetros de Frankfurt y en Weeze, una antigua base militar tan al norte de Dusseldorf que el uso de ese nombre resulta inexplicable; después se expandió a Berlín, Colonia, Memmingen –pretendidamente para Munich, Lübeck, Bremen y así sucesivamente hasta hacer imposible el modelo de Air Berlín.

La alemana, ciertamente, ayudó a Ryanair en sus propósitos: empezó a sentirse una de las grandes. Con el apoyo del dinero de Abu Dhabi, con sus vuelos transatlánticos, con sus alianzas estratégicas, parecía que aquel negocio no dependía del control de costes. Hizo apuestas bastante atrevidas y peligrosas como volar cuatro veces al día entre Sevilla o Alicante y Mallorca, no siempre correspondidas por la demanda. Y así empezó la caída: una competencia feroz, un descontrol interno, una descomposición del modelo y, sobre todo, muy especialmente, una incapacidad para adoptar medidas contundentes. Air Berlín llevaba perdiendo dinero nada menos que siete años, con cantidades increíbles, rematando el desastre el año pasado cuando sus pérdidas llegaron a los 667 millones de euros.

fuente: preferente.com/ JC/

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